A medida que nos acercamos a Halloween, la economía de EE. UU. se asemeja a un cuento de terror, con el Dr. Jekyll representando su brillantez en el sector tecnológico y el Sr. Hyde encarnando los problemas subyacentes. La semana pasada, informes de inflación que superaban las expectativas indicaron que la Reserva Federal está enfrentando desafíos considerables. Sin embargo, la reacción de los rendimientos del Tesoro fue mínimamente notable. Esto refleja la posición de los inversores en bonos, que suelen captar rápidamente las tendencias verdaderas del mercado, a diferencia de sus contrapartes de acciones. Este fenómeno es indicativo de una inflación que no proviene de un exceso de demanda, sino que es impulsada por una serie de factores del lado de la oferta que no pueden ser fácilmente abordados mediante la elevación de tasas de interés.
La situación de inflación se complica aún más al observar que el aumento de precios se alimenta principalmente de costos energéticos, como lo demuestra el notable incremento del precio de la gasolina, que constituyó más de la mitad del aumento mensual en los precios al consumidor en septiembre. Las medidas tradicionales de política monetaria, como subir las tasas de interés, pueden ayudar a contener la demanda, pero son insuficientes para aumentar la producción energética o resolver las tensiones geopolíticas que afectan a estos mercados. Así, la economía se torna una entidad fracturada donde la pujanza de la inteligencia artificial contrasta radicalmente con la angustia en sectores menos favorecidos.
La dualidad de la economía estadounidense se refleja claramente en el auge de la inteligencia artificial. Inversiones billonarias están fluyendo hacia el desarrollo de infraestructura tecnológica, con Goldman Sachs estimando que la inversión global en IA alcanzará los 800 mil millones de dólares para 2026. Estas cifras son asombrosas y resultan en la creación de innumerables empleos temporales y un crecimiento económico que roza la fantasía. Sin embargo, a medida que la euforia por la IA se apodera del mercado, es crucial recordar que esta prosperidad está desconectada de la realidad económica de muchos estadounidenses que luchan por mantener sus estándares de vida.
Al mismo tiempo, el Sr. Hyde acecha. Los consumidores enfrentan condiciones cada vez más restrictivas, con el poder adquisitivo erosionado por años de inflación elevada. Las ventas de viviendas se han estancado, y el miedo a un colapso en el mercado inmobiliario crece, ya que muchos compradores no pueden hacer frente a los precios actuales. Mientras tanto, las tasas de morosidad de los préstamos comerciales han alcanzado niveles alarmantes, lo que indica que los bancos regionales están cada vez más presionados. Esta bifurcación se traduce en un panorama oscuro para la clase trabajadora, que se encuentra operando más horas por salarios reales en caída, lo que resalta la desoladora realidad de la economía dividida.
Finalmente, a medida que los índices de acciones siguen marcando máximos históricos, la historia de la acción promedio es sombría, con numerosos componentes del S&P 500 operando muy por debajo de sus picos. Los responsables de políticas deben tomar en cuenta las alarmas que envían los mercados de bonos, ya que la atención exclusiva al crecimiento del sector tecnológico podría resultar desastrozo. Las interconexiones entre las economías de EE. UU. y Canadá son profundas, y cualquier desaceleración en la economía estadounidense podría tener repercusiones inmediatas. En este contexto, la pregunta persiste: ¿serán capaces los responsables de las políticas de identificar y abordar esta creciente desconexión antes de que el Sr. Hyde cause estragos?




















