En el contexto actual de Canadá, la construcción de grandes proyectos de infraestructura ha cobrado un renovado impulso, generando un clima favorable para que los inversores institucionales amplíen sus horizontes hacia nuevas oportunidades. Con el desarrollo de oleoductos, sistemas de transporte y redes eléctricas en el horizonte, se empieza a hablar del concepto de reciclaje de activos como una vía para financiar dichas iniciativas. Este enfoque consiste en desprenderse de activos gubernamentales previamente rentables, como carreteras y aeropuertos, y utilizar los ingresos obtenidos para financiar nuevos proyectos de infraestructura que son considerados de interés nacional.
Australia ha sido pionera en la implementación exitosa de programas de reciclaje de activos, lo que ha despertado un gran interés entre los fondos de pensiones canadienses. Propuestas recientes sugieren que, de lograrse abrir solo un pequeño porcentaje de los activos gubernamentales a la inversión privada, Canadá podría generar entre 25 y 50 mil millones de dólares, una suma que podría ser capitalizada en proyectos que requieren financiamiento para su puesta en marcha. Este modelo, que ha mostrado ser altamente efectivo en el continente australiano, se está estudiando considerando las realidades y necesidades específicas del mercado canadiense.
Sin embargo, los gobiernos canadienses han mostrado una notable reticencia a privatizar activos a gran escala, en comparación con naciones como Australia. La falta de activos gubernamentales generadores de efectivo y el apremio por parte del gobierno federal para fomentar la inversión local han creado una tensión palpable entre los intereses de los inversionistas de pensiones y las políticas gubernamentales. Bajo la administración de Mark Carney, se han lanzado iniciativas ambiciosas, como incentivos por un valor de 280 mil millones de dólares, destinadas a atraer la inversión institucional en la infraestructura canadiense. Esto marca un cambio significativo en la estrategia del gobierno hacia la construcción de infraestructura a través de alianzas público-privadas.
La reciente iniciativa de cooperación firmada entre los fondos de pensiones canadienses y australianos es un indicativo del potencial interés en replicar el modelo australiano en Canadá. Conociendo la experiencia y los resultados exitosos en el financiamiento de proyectos gracias al reciclaje de activos en Australia, los fondos de pensiones canadienses, como el CPP Investment Board, han extendido su participación e interés en proyectos en ambos países. Esto podría desencadenar una serie de inversiones que no solo beneficiarían a la infraestructura canadiense, sino que también crearían un marco más robusto para la colaboración internacional en temas de inversión institucional.
A pesar de un marco político que puede ser reacio a aceptar la privatización de activos, especialmente en el sector de infraestructura, existe un creciente reconocimiento de que la cooperación entre los fondos de pensiones y el sector público podría ser la clave para abordar los desequilibrios en la infraestructura existente. La proximidad de algunos actores clave a la discusión sobre la privatización, como la venta de aeropuertos, podría abrir la puerta a futuras negociaciones que empoderen tanto al gobierno como a los fondos de pensiones. Sin embargo, los desafíos políticos y las preocupaciones sobre la equidad de las redistribuciones de capital serán barreras que deberán ser superadas para lograr un modelo funcional de reciclaje de activos en Canadá.


















