En el panorama actual del marketing, muchas organizaciones se encuentran luchando por mantener su visibilidad. A medida que el 88% de las empresas ya utilizan inteligencia artificial (IA) en al menos una de sus funciones, quienes no han logrado adaptarse están quedando atrás. Esta transformación tecnológica no solo se trata de implementar nuevas herramientas, sino de repensar cómo se entrega el valor al cliente. Las empresas están en una carrera por la innovación, y aquellas que se limitan a optimizar procesos sin cambiar su enfoque están, fundamentalmente, construyendo «carruajes muy rápidos», sin comprender las nuevas dinámicas de negocio que la IA les ofrece. La clave será transitar de la eficiencia a la efectividad, encontrando formas novedosas de generar valor en un mercado en constante evolución.
Analizando el marco de la IA en las empresas, se observan cuatro etapas clave en la creación de valor. Las dos primeras etapas se asemejan a un entorno de fabricación, donde la eficiencia y el control sobre costos predominan, permitiendo que las empresas optimicen sus procesos actuales. Sin embargo, la verdadera revolución se encuentra en las etapas tres y cuatro, donde las organizaciones deben adoptar una mentalidad de laboratorio. Aquí, la experimentación, la flexibilidad y la capacidad de adaptación permiten la exploración de nuevas oportunidades y modelos de negocio, desbloqueando un potencial que va más allá de simplemente incrementar la velocidad en la producción de bienes y servicios.
La efectividad de la experimentación es un claro ejemplo de cómo se puede innovar mediante el riesgo controlado. Empresas como IKEA han logrado reimaginar sus operaciones a partir de la retroalimentación de los clientes, transformando su personal de atención al cliente en asesores de diseño de interiores y abriendo nuevas fuentes de ingresos. Este cambio no fue resultado de decisiones tomadas en salas de juntas, sino de una comprensión profunda de las necesidades del cliente y de la disposición a probar, aprender y adaptarse. Este tipo de experimentación debería ser un mandato desde los departamentos de marketing, que son los responsables de los ingresos futuros y tienen la agilidad necesaria para implementar cambios rápidamente.
Sin embargo, los retos son numerosos. Según el publicista Rory Sutherland, departamentos como finanzas y recursos humanos pueden frenar las innovaciones debido al miedo al fracaso. Es esencial que las empresas establezcan un entorno donde la experimentación sea visto como parte del proceso de aprendizaje y no como un riesgo que debe ser evitado. Fomentar la innovación en el marketing a través de la IA no solo implica adoptar nuevas tecnologías, sino también cultivar una cultura que valore la agilidad y la experimentación. Esto requiere un cambio en la manera en que se mide el éxito, los resultados de eficiencia deben acompañarse de indicadores que evalúen la creatividad y el crecimiento.
Por último, los responsables de marketing deben comprender que están en la cúspide de esta transformación impulsada por la IA. Aunque es fácil enfocarse exclusivamente en las etapas iniciales de eficiencia y reducción de costos, el verdadero desafío radica en explorar cómo pueden rediseñar sus flujos de trabajo para maximizar el valor añadido por la IA en las etapas más avanzadas. Las empresas que puedan hacerlo no solo recuperarán su posición de mercado, sino que también se establecerán como líderes en la innovación, capaces de responder rápidamente a los cambios del entorno y a las necesidades de sus clientes. Crear valor a partir de la IA requiere iniciativas deliberadas y experimentales, y es hora de que los líderes de marketing se conviertan en los arquitectos de este nuevo futuro.

















