La inversión en activos privados ha sido tradicionalmente un terreno reservado para grandes instituciones y fondos de pensiones, mientras que los inversores minoristas se quedan al margen de estas oportunidades. Según el experto en inversiones John De Goey, una de las razones más convincentes para que los inversores minoristas consideren diversificar su portafolio con activos privados es la posibilidad de reducir el riesgo. Los activos privados suelen tener una correlación más baja con los activos públicos, como las acciones que se comercializan en bolsa, lo que puede proporcionar una mayor estabilidad ante la volatilidad del mercado. Si los inversores combinan activos que reaccionan de manera diferente ante las fluctuaciones del mercado, se puede lograr una protección adicional en sus carteras, lo que resulta en un perfil de riesgo más favorable a largo plazo.
En segundo lugar, De Goey destaca la potencialidad de obtener mayores rendimientos a largo plazo a través de la inversión en activos privados. Conocida como la prima de iliquidez, este concepto implica que los inversores dispuestos a bloquear su capital durante periodos prolongados podrían recibir recompensas financieras sustanciales a cambio de su paciencia. Este enfoque puede ser particularmente atractivo para aquellos que se sienten cómodos con el riesgo y están interesados en maximizar su retorno. Aunque la relación entre riesgo y rendimiento no es lineal, muchos inversores han encontrado éxito en la adopción de perspectivas a largo plazo, lo que podría indicar una tendencia positiva para quienes deciden aventurarse en este tipo de inversiones.
Además de la diversificación y el potencial de rendimiento, otra razón convincente para considerar activos privados es el acceso a estrategias y oportunidades únicas que no están disponibles en los mercados públicos. Según De Goey, estas oportunidades pueden incluir inversiones en capital privado, crédito privado, y propiedades de nicho como tierras agrícolas, así como innovaciones en áreas como la energía renovable. Tal acceso no solo permite a los inversores diversificar aún más sus carteras, sino que también los coloca en el centro de oportunidades emergentes que tienen el potencial de generar rendimientos significativos en un futuro próximo.
No obstante, De Goey también advierte sobre los riesgos asociados con la inversión en activos privados, especialmente en términos de liquidez y tarifas elevadas. Los inversores pueden enfrentar períodos prolongados de bloqueo durante los cuales no pueden retirar su capital, lo cual puede ser motivo de inquietud. Del mismo modo, las tarifas asociadas con la inversión en fondos privados suelen ser más altas que las de las inversiones públicas, lo que podría representar una barrera de entrada considerable. Sin embargo, De Goey señala que, a través de la utilización de asesores financieros competentes, estas barreras pueden ser superadas, permitiendo a los inversores minoristas acceder a estas oportunidades.
Finalmente, la falta de transparencia en las valoraciones de activos privados es otro aspecto crítico que los inversores deben tener en cuenta. Las valoraciones tienden a realizarse con menos frecuencia y no están tan reguladas como en el caso de las acciones públicas, lo que puede dificultar el monitoreo de inversiones. Sin embargo, De Goey sugiere que, con la diligencia debida y la asesoría adecuada, muchos inversores podrían justificar la inclusión de activos privados dentro de sus carteras. En resumen, aunque hay riesgos y consideraciones que afrontar, el potencial de diversificación, rendimientos superiores y acceso a estrategias únicas convierten a los activos privados en una opción cada vez más atractiva para los inversores minoristas.




















